Un evento singular en la historia de Internet se presentó en marzo de 2009 en México: el Consejo Directivo de ICANN tomó una decisión para la administración de las últimas direcciones IPv4 disponibles a nivel global. Es decir, se marcó oficialmente el agotamiento del espacio de direccionamiento IPv4 del que los RIRs (registros regionales) pueden echar mano. Cada RIR cuenta ahora con la última serie que podrá distribuir. La asignación de direcciones IPv4 en lo sucesivo sólo se podrá hacer contra las “reservas” que cada RIR tenga, o contra las de los proveedores de servicios de Internet y las pocas otras organizaciones (universidades, por ejemplo) que cuentan con amplios espacios de direccionamiento asignados.
Este hecho debe, debió, deberá marcar el inicio de un programa de acción urgente en México para iniciar una transición bien planeada hacia el uso de la nueva versión del sistema de direccionamiento numérico, IPv6. Este sistema provee un número de direcciones muy superior al de IPv4 y plantea tanto nuevas facilidades como problemas muy específicos para su utilización. No todos los problemas están resueltos e incluso algunos no son conocidos todavía. Lo cierto es que el cambio se da en el corazón mismo de la infraestructura de Internet, en los sistemas que determinan las rutas que deben seguir los paquetes de información de cuyo tráfico se encarga el Protocolo IP, y por tanto el alcance y consecuencias de la transición son enormes.
No se prevé en el mundo una transición dramática en la que en una fecha determinada se abandone de golpe el uso de IPv4 para pasar al uso exclusivo de IPv6. La situación es, y será por muchísimos años, una de convivencia entre ambos protocolos. Inicialmente se ven pocas redes basadas en Ipv6, lo cual obliga a comunicarlas mediante “túneles” programados a través de redes basadas en IPv4. Progresivamente la situación se invierte hasta que unas pocas redes, en camino a la obsolescencia, basadas en IPv4 se comuniquen a través de una infraestructura global dominada por IPv6. El impacto de IPv6 se acelera en condiciones que requieren un rápido uso de amplios espacios de direccionamiento, como las redes de Internet móvil o las redes de Internet de países, como China, que cuentan con menores bloques en IPv4 y hacen un crecimiento rápido de sus servicios.
En el mundo entero la adopción de IPv6 está en marcha, a distintas velocidades dependiendo de las condiciones de cada país. Los motivos para impulsar la transición varían según el contexto; si bien no hay todavía una aplicación que sólo funcione sobre IPv6 y sea de adopción urgente (“killer application”) las mejoras operacionales que se pueden alcanzar con IPv6 son importantes; sin embargo, éstas aún no son ampliamente valoradas por los “carriers” e ISPs. Otro factor adverso, dada la distancia de usuarios tanto individuales como institucionales con los asuntos de infraestructura, es la percepción que los ISPs y “carriers” (operadores de telecounicaciones, OT) pueden tener respecto a la suficiencia de direcciones a su alcance, y al alto precio que asignan a éstas (por ejemplo, los precios de las direcciones IP fijas en contratos ADSL en México está totalmente desalineado del costo de recuperación que pagan por ellas los OT e ISPs grandes por las asignaciones en LACNIC).
En México las universidades, CUDI, y unas pocas entidades más se han ocupado de IPv6 desde hace algunos años. Cuentan con personal especializado que conoce la tecnología a fondo, y redes experimentales que es posible utilizar más intensivamente. Diversas organizaciones, como El “IPv6 Task Force México” y el “Foro IPv6″ de México, han logrado también reunir esfuerzos interinstitucionales para la promoción de IPv6.
El programa que requiere el país demanda la pronta acción de diversos actores, al absorber la experiencia internacional. El contenido mínimo de dicho programa es el siguiente:
a. Proveedores de servicios de Internet, que deben reemplazar, actualizar, o poner en operación con nuevas capacidades su infraestructura, y probar la compatibilidad con las aplicaciones más utilizadas por sus clientes.
b. Proveedores de equipo, software, aplicaciones y servicios para las redes, que deben empezar a identificar las necesidades de sus clientes y las soluciones intermedias y de largo plazo basadas en IPv6; entrenar personal para la operación con el nuevo protocolo; y ofrecer capacitación al personal de sus clientes con el mismo fin.
c. Gobierno (en los tres órdenes federal, estatal y municipal), que puede dar un gran paso fijando la operación del protocolo IPv6 como una meta a alcanzar en pocos años (no más de tres o cuatro) en todas las redes del gobierno; fijar la operación con IPv6 como un estándar en las adquisiciones e incluso en el sistema de normas oficiales, también con un programa progresivo a un máximo de tres o cuatro años, además de capacitar al personal y asegurar la compatibilidad de aplicaciones propias y de los usuarios de los servicios del gobierno.Cabe recordar que diversos organismos internacionales en los que México participa, como la OCDE y CITEL, han hecho recomendaciones específicas para el papel del gobierno como guía de políticas públicas y como principal comprador de tecnología del país, para que ejerza su poder de compra y produzca con él economías de escala que de otra manera el país no puede alcanzar, en la adquisición de bienes y servicios compatibles con IPv6 y en la expansión del uso de este protocolo.
d. Instituciones educativas y de investigación y desarrollo tecnológico, especialmente a nivel superior. Poner en operación maquetas y redes experimentales, capacitar personal, realizar una amplia labor de difusión y capacitación hacia toda clase de organizaciones, utilizar sus laboratorios para la prueba de compatibilidad e interoperabilidad de equipos, software, y servicios por parte de terceros en un esfuerzo de vinculación bien organizado, y estimular el desarrollo de nuevas tecnologías y servicios basados en IPv6.
e. Empresas usuarias de Internet. Acelerar los trabajos para la transición, y primero coexistencia de IPv6 e IPv4; capacitar de manera organizada al personal necesario, normar sus adquisiciones dentro de un programa para la transición con un horizonte máximo de entre tres y cuatro años.
Este programa, de alcance nacional, sólo puede ser afrontado con la colaboración estructurada de todos los “stakeholders” de Internet en México. Tendrá un costo económico indudable, y asimétrico para distintos actores. Una de las formas más importantes en que este costo está siendo cubierto en el mundo entero, y puede ser cubierto en México, es la programación de las inversiones que los actores tienen que hacer en su infnraestructura constantemente. Prever IPv6 en los ciclos de reemplazo y actualización de enrutadores, “switches”, computadoras, “software”, dispositivos como conmutadores telefónicos con capacidad de voz sobre IP, videoconferencia, etc. resulta en un costo marginal y distribuido a lo largo de varios años, lo cual además está en consonancia con la necesaria gradualidad, ya explicada aquí, de esta importante transición en la infraestructura más fundamental de Internet. Quizás lo mas importante que debemos reconocer es que la transcición hacia IPv6 no se puede asumir simplemente como una mejora de funcionalidad o como una opción de crecimiento; representa la nueva base de cimentación para el Internet de los próximos 40 años y es la única opción viable conocida hasta ahora que permitirá que Internet continue con su ritmo de crecimiento.

